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Si llevas tiempo con hinchazón abdominal después de comer, gases, ruidos intestinales, digestiones pesadas o un tránsito irregular —y ya te han dicho que "no tienes nada"— es posible que el origen esté en una zona muy concreta: el intestino delgado.
Se llama SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth, sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado) y consiste, de forma simplificada, en una alteración de la ecología microbiana de esa zona del intestino. Puede haber un exceso de bacterias, arqueas u hongos, o simplemente un desequilibrio en su composición, aunque no siempre haya "sobrecrecimiento" como tal.
Los síntomas más frecuentes son:
Y aquí está el punto que, como médica, más me interesa trasladarte: el intestino y el cerebro no funcionan de forma aislada.
Existe una comunicación bidireccional constante entre ambos —el llamado eje intestino-cerebro— que se produce a través del nervio vago (que transporta información del intestino al cerebro en la mayoría de sus fibras, no al revés), de sustancias que fabrican tus propias bacterias intestinales, del sistema inmune y del metabolismo del triptófano, precursor de la serotonina.
Por eso, un intestino alterado puede afectar al estado de ánimo, y un estado de ánimo alterado puede, a su vez, afectar a la digestión.
Esto no es una intuición: hay estudios que lo respaldan. Una investigación con 120 personas mostró que los pacientes con SIBO presentaban niveles de ansiedad y depresión leve-moderada con más frecuencia que la población sana. Y algo todavía más relevante: al tratar el sobrecrecimiento bacteriano, no solo mejoraron los síntomas digestivos — también mejoró el metabolismo del triptófano y disminuyeron los niveles de ansiedad y depresión.
Esto es lo que entendemos hoy por medicina digestiva integrativa: unir la evidencia científica con una mirada completa de la persona.
El SIBO se ha convertido en un tema muy popular en redes sociales, y eso tiene una parte buena —visibiliza un problema real y muchas veces infradiagnosticado— y una parte de riesgo: se simplifica en exceso.
La propia comunidad científica reconoce que el SIBO es una entidad clínica compleja, que no siempre se define ni se diagnostica de forma homogénea. Existen distintos tipos —de hidrógeno, de metano, de sulfuro de hidrógeno o incluso de origen fúngico— y su abordaje no es el mismo en todos los casos.
Además, el SIBO rara vez aparece solo. Se relaciona con frecuencia con el síndrome de intestino irritable y con la dispepsia funcional (hasta un 70% de las personas con dispepsia funcional tienen SIBO), e incluso puede confundirse con una enfermedad celíaca no diagnosticada, que sigue pasando desapercibida en un porcentaje muy alto de casos.
Por eso un diagnóstico certero requiere descartar antes otras causas, y no basarse únicamente en una prueba o en un patrón de síntomas.
Hay síntomas que nunca deben achacarse a un SIBO sin más, y que requieren valoración médica prioritaria:
Si tienes alguno de estos, consulta cuanto antes, con cualquier profesional que puedas ver primero.
Tengo formación específica en Aparato Digestivo y en el eje intestino-cerebro, y mi enfoque no es aplicar un protocolo genérico de "dieta para el SIBO", sino entender qué está ocurriendo en tu caso concreto: qué lo ha desencadenado, cómo se relaciona con tu sistema nervioso y tu estado emocional, y qué abordaje —diagnóstico y terapéutico— tiene sentido para ti.
En la primera visita revisamos tu historia completa y obtendrás un plan claro. Si hace falta, lo acompañamos con acupuntura semanal, que ayuda a sostener el proceso en el tiempo.
¿El SIBO tiene cura? El SIBO puede tratarse y, en muchos casos, resolverse. Lo importante es identificar qué lo está sosteniendo en tu caso —alimentación, motilidad intestinal, estrés— para que la mejoría se mantenga y no sea algo temporal.
¿Es lo mismo que el intestino irritable? No, aunque están muy relacionados. El SIBO es una alteración concreta de la microbiota del intestino delgado; el intestino irritable es un diagnóstico funcional más amplio. Muchas personas con intestino irritable tienen, de base, un SIBO sin diagnosticar.
¿Necesito hacerme una prueba de aliento para saber si tengo SIBO? Es una de las pruebas más utilizadas, sí, pero no siempre es el primer paso ni sustituye una valoración clínica completa. Antes de pedir cualquier prueba, es importante revisar tu historia y descartar otras causas.
¿Cuánto dura el tratamiento? Depende de cada caso: del tipo de SIBO, de cuánto tiempo llevas con síntomas y de qué lo está sosteniendo. Por eso no trabajo con protocolos cerrados de duración fija, sino con un plan que se ajusta a tu evolución.
Si te sientes identificada con estos síntomas, puedes reservar tu primera visita para valorar tu caso de forma individualizada.
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